Bodegas Pago de Larrainzar

Junto al monasterio de Irache se asienta uno de los viñedos más reconocidos de Navarra, propiedad de la familia Larrainzar. Su bodega elabora cinco vinos tintos muy exclusivos y de producción limitada. Un proyecto vinícola con personalidad y adaptado a los gustos actuales.

16 enero, 2019

Carla de la Serna

Nuria Ayarra

Para Irene Canalejo, Responsable de marketing de Pago de Larrainzar y bisnieta del fundador de las bodegas, la casa y la familia son la base de todo. La finca familiar, ubicada en Ayegui, junto al monasterio de Irache (Navarra), tiene más de 150 años. Fue el bisabuelo de Irene, Ángel Larrainzar, quien plantó el primer viñedo de Tempranillo en la propiedad, y más tarde lanzó la bodega. “Nuestra casa es mucho más que un negocio o un viñedo. Lo que queremos es ofrecer algo de esta tierra donde con el paso del tiempo sigamos trabajando en la esencia de nuestro propio vino”, apunta Irene. En la actualidad el proyecto lo lidera su padre, Miguel Canalejo Larrainzar, reconocido empresario pamplonés que ha estado vinculado al mundo vitivinícola desde la infancia. También está involucrado su hijo Miguel, que ejerce de Responsable técnico de las bodegas.

Pago de Larrainzar cuenta con su viñedo propio y no compran uva ajena. Solo producen vino tinto, y la vendimia se hace a mano y en caja pequeña, cuidando cada detalle en todas las etapas del proceso. “Nuestro vino es complejo en la elaboración pero muy disfrutón. ¿Qué es lo que queremos hacer en bodega? Vinos que gusten a todo el mundo, que sea fácil acabarse la botella”. Aunque la vendimia se hace a mano aplican tecnología muy avanzada. A Irene el proceso que más le gusta es el diseño de los tintos. Para ella cada añada es como un hijo, y confiesa que tiene que enamorarse de él para poder transmitirlo a la hora de vender. “Cada vino es diferente, son hermanos, pero con su propia personalidad. En el fondo los vinos son como hijos, y por qué no decirlo… Siempre hay alguno preferido” (me guiña un ojo). No cambiaría su trabajo por nada del mundo. “Cuando vendo Pago de Larrainzar hablo de mi familia, de mi tierra, de mi país. Y todo ello en torno a la gastronomía, con gente que está pasándolo bien. Aunque soy abogada mi sitio está aquí”.

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LOS VINOS LARRAINZAR

“Hay una uniformidad en la forma de trabajar, pero cada vino es diferente”

Para la producción de sus vinos utilizan cuatro variedades de uva: Merlot, Cabernet Sauvignon, Garnacha y Tempranillo.

  • Pago de Larrainzar: vino de guarda que gana complejidad con el paso del tiempo. Elegante y equilibrado.
  • Raso de Larrainzar: un vino moderno, con más tempranillo en su ensamblaje y una crianza más corta.
  • Ángel de Larrainzar: el vino más joven y más apegado al viñedo. También es un homenaje a Ángel Larrainzar, que plantó el primer viñedo en la propiedad centenaria durante la segunda mitad del siglo XIX.
  • Pago de Larrainzar Cavernet Sauvignon (monovarietal).
  • Pago de Larrainzar Merlot (monovarietal).

EN PRIVADO CON IRENE CANALEJO

Irene Canalejo

Ilusión máxima cuando nuestro vino estuvo en la carta de El Bulli.

Fue un subidón al ver que en el restaurante Rubayat pedían una de nuestras botellas.

Serrat, cada vez que va a la Manduca de Azagra (con bastante frecuencia), pide Larrainzar. Algún día debería sentarme con él para hablar de música, vino y otras cosas.

Las grandes experiencias y anécdotas me han ocurrido en China, porque es otro universo. En algunos pueblos perdidos hasta me han pedido que les firme etiquetas.

Los bodegueros lo complicamos todo demasiado. Que cada uno se tome el vino como quiera. A los jóvenes les metemos tanto rollo con los aromas y demás pijerías que al final lo acaban rechazando.

Con quien más disfruto bebiendo vino es con mi familia.

“El enamorado del vino es infiel, así que no siempre pido Larrainzar en los restaurantes”.

GUÍA PRÁCTICA

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Para Irene Canalejo, Responsable de marketing de Pago de Larrainzar y bisnieta del fundador de las bodegas, la casa y la familia son la base de todo. La finca familiar, ubicada en Ayegui, junto al monasterio de Irache (Navarra), tiene más de 150 años. Fue el bisabuelo de Irene, Ángel Larrainzar, quien plantó el primer viñedo de Tempranillo en la propiedad, y más tarde lanzó la bodega. “Nuestra casa es mucho más que un negocio o un viñedo. Lo que queremos es ofrecer algo de esta tierra donde con el paso del tiempo sigamos trabajando en la esencia de nuestro propio vino”, apunta Irene. En la actualidad el proyecto lo lidera su padre, Miguel Canalejo Larrainzar, reconocido empresario pamplonés que ha estado vinculado al mundo vitivinícola desde la infancia. También está involucrado su hijo Miguel, que ejerce de Responsable técnico de las bodegas.

Pago de Larrainzar cuenta con su viñedo propio y no compran uva ajena. Solo producen vino tinto, y la vendimia se hace a mano y en caja pequeña, cuidando cada detalle en todas las etapas del proceso. “Nuestro vino es complejo en la elaboración pero muy disfrutón. ¿Qué es lo que queremos hacer en bodega? Vinos que gusten a todo el mundo, que sea fácil acabarse la botella”. Aunque la vendimia se hace a mano aplican tecnología muy avanzada. A Irene el proceso que más le gusta es el diseño de los tintos. Para ella cada añada es como un hijo, y confiesa que tiene que enamorarse de él para poder transmitirlo a la hora de vender. “Cada vino es diferente, son hermanos, pero con su propia personalidad. En el fondo los vinos son como hijos, y por qué no decirlo… Siempre hay alguno preferido” (me guiña un ojo). No cambiaría su trabajo por nada del mundo. “Cuando vendo Pago de Larrainzar hablo de mi familia, de mi tierra, de mi país. Y todo ello en torno a la gastronomía, con gente que está pasándolo bien. Aunque soy abogada mi sitio está aquí”.

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Ilusión máxima cuando nuestro vino estuvo en la carta de El Bulli.

Fue un subidón al ver que en el restaurante Rubayat pedían una de nuestras botellas.

Serrat, cada vez que va a la Manduca de Azagra (con bastante frecuencia), pide Larrainzar. Algún día debería sentarme con él para hablar de música, vino y otras cosas.

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Los bodegueros lo complicamos todo demasiado. Que cada uno se tome el vino como quiera. A los jóvenes les metemos tanto rollo con los aromas y demás pijerías que al final lo acaban rechazando.

Con quien más disfruto bebiendo vino es con mi familia.

“El enamorado del vino es infiel, así que no siempre pido Larrainzar en los restaurantes”.

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“Hay una uniformidad en la forma de trabajar, pero cada vino es diferente”

Para la producción de sus vinos utilizan cuatro variedades de uva: Merlot, Cabernet Sauvignon, Garnacha y Tempranillo.

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  • Raso de Larrainzar: un vino moderno, con más tempranillo en su ensamblaje y una crianza más corta.
  • Ángel de Larrainzar: el vino más joven y más apegado al viñedo. También es un homenaje a Ángel Larrainzar, que plantó el primer viñedo en la propiedad centenaria durante la segunda mitad del siglo XIX.
  • Pago de Larrainzar Cavernet Sauvignon (monovarietal).
  • Pago de Larrainzar Merlot (monovarietal).

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