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en el corazón de las rías baixas

quince postales y cuarenta veranos

Texto: Carla de la Serna    Fotos: CS y Nuria Ayarra. Vídeo: Nuria Ayarra    

SON YA MUCHOS VERANOS, CASI DESDE QUE NACÍ. Aunque llevo algunos sin pisar las Rías Baixas, donde siempre acabo volviendo alentada y envuelta por la morriña, de la que se dice Sentimiento de pena por vivir lejos de la tierra natal o de las personas o lugares queridos. Eso es exactamente: un lugar querido donde los recuerdos se agolpan en fila india y están siempre presentes, aunque sea en canciones, en escenas, en olores… Hay rincones de las Rías Baixas que son el Sitio de mi recreo, que diría el gran Antonio Vega.

   Ahora obviamente todo ha cambiado. Reconozco el paisaje a retazos, pero el paisanaje deja de sonarme un poco. Por eso con toda la pena, intento esquivar los meses punteros.

Puerto de Sangenjo

RECUERDOS DE SANGENJO, SILGAR Y EL NÁUTICO

   Dicen que Sangenjo es una especie de escenario marbellí del norte, o un Benidorm gallego con algo más de estilo. Pero cuando yo aterricé, un mes de julio a finales de los setenta, todavía era un pueblo marineiro donde se conservaban las casas bajas, había viñedos y huertos, caminos de tierra y algún que otro pazo asomaba espléndido. Las playas más allá de Portonovo eran todavía salvajes, inexploradas por turistas. Sólo unas pocas familias pasábamos allí el verano.

   La playa de Silgar, que es preciosísima, era espaciosa, larga, ancha con sus mareas bajas donde te picaban las fanecas; siempre había caras conocidas y abuelos leyendo su periódico bajo un toldo de rayas y colores; un chiringuito de madera donde los mayores tomaban el Ribeiro con mejillones de la Ría a unas cien pesetas la ración. Dicen que el agua está fría ¡claro que sí! Que nos lo cuenten las resacas que gastábamos a finales de los noventa, con lo bien sentaban esos baños. También comentan que llueve mucho.

   Yo sin embargo recuerdo mis veranos soleados, jugando en la orilla con esas palas gigantes y pesadas de madera. Y si llovía, excursiones al pinar a coger moras en pandilla, o al Club Náutico a jugar a las cartas, el náutico de antes, el que desapareció como si se lo hubiera tragado un mal día de oleaje. Ahora hay uno nuevo más moderno y grande, pegado al puerto de siempre, eso sí. Aunque hoy día está amarrado el yate de Amancio Ortega, también el de su sobrino… Todo cambios, obviamente.

La playa de Silgar, que es preciosísima, era espaciosa, larga, ancha con sus mareas bajas donde te picaban las fanecas; siempre había caras conocidas y abuelos leyendo su periódico bajo un toldo de rayas; y un chiringuito de madera donde "los mayores" tomaban el Ribeiro con mejillones de la Ría a unas cien pesetas la ración.

PUEBLOS, PLAYAS Y CHURRASCO

   Y qué decir de la adolescencia, al calor de las fogatas en la playa de Canelas, los primeros brevajes en locales míticos como As Cordas o Claqueta. Más adelante, los noventa trajeron la movida sanxenxera, el desfogue veraniego del norte más lejano. A veces las noches eran largas, pero siempre vivas y variadas entre acentos madrileños y gallegos. La Luna era como nuestro salón de casa ambientado con invitados de primera.

   La nostalgia también me devuelve las excursiones a Combarro, pueblito con sus hórreos a pie de mar; los paseos por la Toja con visita a la casa de las conchas y merienda de chocolate caliente; la playa de La Lanzada, con sus entonces cinco surfistas de raza. Los festines de almejas en Carril, las nécoras de Bueu, el churrasco a la brasa y los huevos con patatas en un Furancho escondido entre parras. Las playitas de San Vicente do Mar con la arena tan blanca y el agua azulísima. Navegar por la Ría en velero fondeando en Tambo o en la isla de Ons. Las tardes del domingo en el cine del pueblo, donde no se me olvida el estreno de Sufre mamón, cuando Hombres G dio el salto a la fama y D. Summers arrasaba.

Playa de La Lanzada

Y así podría seguir una tarde entera, o escribir cinco folios. Pero basta de nostalgia, esto era un saludo a la morriña. El corazón de las Rías Baixas sigue latiendo fuerte, ahora con más edificios y hoteles, con muchos más chiringuitos, más coches y gran ruido. Menos mal que las playas no se mueven, ni las bateas de Arousa, ni el campo de golf de La Toja. Los atardeceres se repiten. El pulpo del Grove sigue estando igual de bueno y tierno. Y aunque hay gente distinta, me sigo encontrando a la pandilla de los noventa, ya con los hijos creciditos. Pero ahí seguimos casi todos ¿Cómo no ir a buscar un hueco en nuestro verano de la Ría?

LOS SITIOS DE MI RECREO: DONDE SIEMPRE VUELVO

Navegar por las Rias Baixas

Esta zona de Galicia es una de las más bonitas de España para navegar. Si es en velero, mejor. Durante la travesía encuentras islas, parques marítimos, playas con apenas gente. Hay diversos itinerarios y varias compañías que organizan tours a precios asequibles si se organiza un buen grupo. Isla de Ons, Islas Cíes, isla de Tambo, Beluso y La Pamán, Ría de Aldán… Maravilloso plan.

Posiblemente mi playa preferida. Siempre vuelvo incluso cuando hay mucha gente. Está ubicada en el municipio de O Salnés. Es de arena blanca, bandera azul, con buen ambiente y atardecer de lujo, donde el sol rojo se pone a la derecha si estás mirando al mar.

  El chiringuito está situado en la misma playa y en alto, por lo que las vistas son estupendas. Tienen brasa. Lo que más me gusta, el churrasco de cerdo y las sardinas. Un aperitivo de pulpo y pimientos de padrón acompañado de Ribeiro no puede faltar. Ver el atardecer con un gin tonic es una delicia. Buenos precios.

Combarro

Un pueblo marinero que aunque turístico, tiene un encanto especial y es parada obligatoria si estás por la zona. Está situado en el municipio de Poio, y en su conjunto histórico destacan las casas de pescadores, los hórreos a pie de mar (que se utilizaban para conservar los alimentos) y los cruceiros. Tiene restaurantes pequeñitos y tiendas de souvenirs. Todo muy muy gallego.

Real Club de Golf La Toja

Situado en la isla del mismo nombre, es un recorrido de 18 hoyos Par 72 preciosísimo, bañado por la Ría de Arousa. Las mareas y el viento juegan su papel en algunos hoyos. Destaca el número 5, Punta Cabreira, considerado uno de los más bonitos de España. Si eres golfista, no te lo puedes perder. Green fee 9 hoyos de 40€ (según temporada).

 

Atardecer en Foxos

Probablemente el mejor atardecer de la zona se contempla en esta playa, muy cerca de La Lanzada. Tiene un chiringuito en lo alto y no suele haber mucha gente. Mojito en mano y el sol cayendo ¡No tiene precio!

Náutico de San Vicente

Mítico local a pie de playa que conserva una decoración de los años setenta. Para tomar un cerveza por la tarde o también para hacer Kayak o snorkel. Pero sin duda es conocido por los grandes conciertos que organizan en verano con carteles de lujo: Iván Ferreiro, Leyva, Kiko Veneno, Coque Malla, Lory Meyers… Un imprescindible.

Casa do Che, Las Rocas, Marlima y chiringos de San Vicente

La oferta gastronómica en esta zona es infinita y en casi todos los restaurantes se come muy bien (según temporada). El Che es uno de mis preferidos. Destaca por su churrasco a la brasa (las patatas riquísimas) y todas las carnes en general están muy buenas. Tiene una zona de jardín. Está ubicado en el municipio de Sangenjo. Parrilla las Rocas es otro de mis clásicos. Está situado en Padriñán, Sangenjo. Pulpo, berberechos, chipirones y las carnes a las brasa. Tiene un patio entre parras y para cenar es muy agradable. El arroz con bogavante de Marlima es otro ineludible (en el puerto de Sangenjo).

   Los chiringuitos de las playas de San Vicente son estupendos. Comes viendo el mar, incluso te puedes dar un chapuzón y sentarte a la mesa si hace mucho calor. A mí esto me parece un lujo. Las raciones buenas: pimientos de padrón, pulpo, mejillones, navajas, carnes y pescados. Le tengo especial cariño al chiringuito de O Cabalo. Siempre que voy me lo paso bien y como mejor.

*Hay que tener en cuenta que si vas en los meses punteros, sobre todo en agosto y en fin de semana, el servicio puede variar. Pero la relación calidad precio de todos ellos es muy buena.