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En ruta por Sicilia

Pueblos, playas, arte, golf y mucho encanto

Texto y fotos: Carla de la Serna 

Así es Sicilia: un centro di gravità permanente. Como el título de la canción más famosa de Battiato, músico ecléctico y rompedor nacido en esta isla tan teatral. Sicilia es un poema, una aventura en verso envuelta por el mar, donde hay pueblos de una belleza tal que a veces no se entiende, sólo te roza y la admiras. Es una isla caótica con su punto de orden y armonía, con estrofa y estribillo. Tiene mucha Historia, hay barroco, hay ruinas griegas y romanas, volcanes activos, un teatro al aperto que mira a una bahía; calas de piedra y playas de arena; palazzi y motorinos; ruido y callejones con un Fiat setentero; o un seicento del año tal que todavía sobrevive entre un asfalto escondido. Algunas fachadas parece que van a caerse a pedazos, pero en realidad son obras de arte. Lo que fue el taller de un grabador o la casa del zapatero, seguramente. No importan los calzoncillos tendidos junto a esas contraventanas preciosas y desgastadas. Miras un poco más arriba y aparece una cúpula de colores de quién sabe qué siglo, y el mar como un suspiro emerge al fondo. Ni siquiera molestan las grúas ni las antenas parabólicas. Sicilia es un escenario que siempre está restaurándose. Es una pintura de Caravaggio, un relato de Lampedusa, el peliculón de Tornatore, la canción de Battiato. Es ruidosa y divertida. Siempre hierve. Es Italia al desnudo.

La última vez que la visité fue a mediados de agosto. Yo recomiendo ir en septiembre, aterrizar en Palermo o en Catania, y hacer una ruta en coche de diez días (¡con Battiato de fondo, por favor!) para conocer algunas de las joyitas que atesora la costa este de la isla. Las opciones son variadas y se pueden combinar ciudades con playas, calas, pueblos con mucha vidilla y ruinas y museos. También hay buen golf para practicar un par de días en mitad del trayecto, y descansar en un monasterio Benedictino rodeado de 18 hoyos con limoneros y olivos. O a las faldas del volcán Etna. Sicilia.

   Estas son algunas de las paradas que merecen la pena:

 

Palermo

Está muy bien empezar por PALERMO, la capital. Es una ciudad con ese punto de caos tan típico del sur de Italia que se mezcla con monumentos espléndidos como el teatro Massimo (aquí se rodó la secuencia final del Padrino III) o la Catedral y algunos Palazzi. Pasear por la Plaza Pretoria, de piedra blanca y con una fuente rodeada de esculturas. Hay mercados y calles especialmente animadas con sus bares y terrazas para tomar el aperitivo y cenar. Dos veces visualicé una escena como esta: Pasa un transeúnte y de repente te mira, se para, y despliega un teclado o una guitarra; saca un micro y ahí mismo monta el sarao, que al final se convierte en una fiesta callejera con dialecto siciliano y notas de español. Palermo es una sonrisa continua.

  CEFALÚ está a unos setenta kilómetros. Es un pueblo conocido porque aquí se rodaron algunas de las secuencias de Cinema Paradiso, de Tornatore. Arquitectura de estilo normando, un centro histórico con calles estrechas muy concurrido y una playa famosa custodiada por casas colgantes de pescadores. Cuando fuimos había mucha gente y sombrillas de colores bien ancladas en la arena, pero tiene su punto de encanto italiano. En septiembre, a última hora del día, me han dicho que es una delicia. Hay un mirador con buenas vistas y un trampolín de piedra para darse varios chapuzones (y evitarse la aglomeración de la playa en los meses punteros).

Esnórquel en Ortigia

  Bajamos unos cuantos kilómetros hacia Sircasusa, donde descansa la pequeña península de ORTIGIA. Es un pueblo muy veraniego, destino vacacional de muchos sicilianos. Algunas casas son antiguos palacios con balcones anchos de piedra. La Piazza del Duomo es preciosa, y por la calle hay mucho ambiente, terrazas, un mercado y puestos donde el tendero te abre una ostra para comértela ahí mismo por 5€. Ortigia es famosa por sus aguas cristalinas. Siempre hay bañistas haciendo esnórquel. Un islote histórico muy recomendable.

GOLF EN SICILIA ESTE

Hay muy buenos campos en Sicilia y muchos de ellos están integrados en Resorts de cuatro y cinco estrellas. Durante mi itinerario no llegué a conocerlos, ya que no fue un viaje de golf, pero me han dicho las buenas lenguas que hay bastante nivel.

   Concretamente recomiendo dos: I MONASTERI GOLF CLUB. Se ubica a veinte kilómetros de Siracusa y está emplazado en el hotel cinco estrellas Borgo di Luce I Monasteri. Es un recorrido de 18 hoyos Par 71 rodeado de naranjos, limoneros y olivos. Precio Green fee: desde 45€ en temporada alta 9 hoyos. 85€ 18 hoyos.

   El hotel es un antiguo monasterio benedictino reformado que también fue alojamiento de familias nobles. Las habitaciones son amplias, modernas y espaciosas. Cuenta con dos restaurantes especializados es cocina siciliana y Spa.

www.imonasterigolfresort.com

A los pies del volcán Etna, cerca de Catania y Taormina, se sitúa el PICCIOLO ETNA GOLF RESORT, enmarcado en un hotel de cuatro estrellas que incluye Spa, piscina y dos restaurantes. Un recorrido de 18 hoyos Par 72 con magníficas vistas, viñedos incluidos. Tienen muy buenas ofertas que combinan alojamiento con golf.

www.ilpiccioloetnagolfresort.com

Marzamemi

Es un pueblo marinero con mucho encanto que lleva años dedicándose a la pesca del atún. Está salpicado de casitas bajas, y tiene un pequeño puerto con una playa. La cena más agradable y sabrosa del viaje la disfrutamos aquí, en uno de los restaurantes con mesas de colores situado en la Piazza Regina Margherita, el centro neurálgico de la villa. Probamos Bottarga di tonno rosso, más conocida como el Caviar del mediterráneo, una de las especialidades de Marzamemi. Aquella noche eran las fiestas del pueblo, así que bailamos pachanga con los italianos locales hasta bien entrada la noche. Gran recuerdo de aquel momento.

Noto

Esta joyita del sur de Sicilia es conocida por ser la reina del Barroco. Placitas, iglesias, palacios y una señora catedral dan vida y color a las calles de Noto, siempre animadas sobre todo por la tarde. En verano tiene ambiente nocturno y alrededor hay playas y algunas calas escondidas como Calamosche, a la que se accede caminando durante un kilómetro (y está integrada en la reserva Natural de Vendicari).

   Para disfrutar de un buen atardecer, la playa Lido San Lorenzo es estupenda, con un chiringuito que pone buena música y ofrece cócteles ricos.

Ragusa

La estampa de esta ciudad interior es una de las más conocidas de Sicilia (si has visto la serie del Comisario Montalbano te sonará). Se divide en Ragusa Ibla y Ragusa la nueva. Ibla tuvo que ser reedificada después del terremoto sufrido en 1693. Está en lo alto y atesora verdaderas obras de arte en forma de palacios, iglesias, museos, mosaicos y cúpulas (prepárate para subir cuestas y escaleras, ¡pero merece la pena!).

www.lasicilia.es/ragusa

Buon apetito

Todo está bueno en Sicilia, que además ofrece una cocina variada debido a las influencias árabes, griegas y españolas entre otras. Da igual que te sientes en una Trattoria, un merendero a pie de playa o un restaurante en una zona de puerto. El producto es de altísima calidad y son grandes cocineros. Estos son algunos de sus platos típicos:

   Los arancini son unas bolas de arroz con rellenos varios como ragut, espinacas o mozzarella. Un bocado riquísimo que se encuentra en panaderías y bares callejeros. Si te entra hambre durante la ruta turística, este es el manjar perfecto. En cuanto a pastas, dos de sus recetas más conocidas son Pasta alla Norma, con berenjena, tomate fresco y ricotta salada, y Pasta alla trapanesa, que se prepara con pesto siciliano, hecho a base de tomate, albahaca, ajo y almendras. Es de color rojo y no verde como el genovés. Los pescados obviamente son buenísimos y consumen mucho el pez espada. Los arroces con marisco también merecen la pena, sobre todo en lugares de costa.

   El postre siciliano más popular es el cannolo, una especie de hojaldre frito en forma de tubo relleno de ricotta fresca y aderezado con pistacho, frutas escarchadas o chocolate.