Únete al CLUB y viaja con nosotros.

GOLPE DE SALIDA

Un golf en las minas fantasía (Riotinto)

✒︎ por THE GOOD GOLFER

Son apenas setenta socios, que se juntan todas las semanas para jugar en un campo rústico de 9 hoyos. Como el suelo es campestre total, tienen que llevarse su propia alfombrilla para golpear en calle. La única hierba que hay es la del tee de salida, el ante green y el green. Por supuesto, cuando van a dar bolas (que se las llevan de casa), las tienen que recoger ellos mismos para seguir practicando. Juegan sus torneos y se lo pasan de maravilla.

  Son los golfistas y grandes aficionados del Club de Golf Corta Atalaya. Está situado en Huelva, en las Minas de Riotinto, que yo llamo Minas fantasía porque visualmente son casi un espejismo. Están a cielo abierto, y algunos tramos recuerdan a un cuadro de Dalí por lo onírico. Son los colores y las formas del paisaje y los materiales, elementos de una naturaleza caprichosa y con poderío. Hay una locomotora de principios del siglo XX que todavía funciona; los mineros siguen trabajando a día de hoy. Es una explotación importantísima a nivel mundial de la que se extrae oro, cobre, plata…

  Riotinto hay que conocerlo. Es como estar en Marte. Y si no que se lo pregunten a la NASA, interesadísima en el emplazamiento; o a los productores de cine, igual de fascinados por esta localización.

  La historia más reciente de Corta Atalaya se remonta a 1914, cuando técnicos y trabajadores ingleses de alto rango se instalaron en un barrio cercano a las minas para su explotación. Ya sabemos que los británicos llevan su golf allí donde van para entretenerse. Lo mismo ocurrió en Las Palmas de Gran Canaria. Éste fue el primer campo construido de toda España. Atalaya fue el primero de la Península. En 1992 se trasladó a su ubicación actual, construyéndose sobre unas escombreras.

  Cuando terminamos la visita de todo el yacimiento minero, y ya de vuelta al hotel, pasamos por el campo de golf. No sabíamos de su existencia ¿Un golf en unas minas? Así que frenamos casi en seco y entramos. Y allí había dos jugadores practicando. Con sus palos, dimos unas bolas en el tee 1 y pateamos en el green del 9. La Casa Club es una construcción rústica donde hay fotografías colgadas del siglo pasado, hierros de más de cien años, bolsas antiguas y trofeos centenarios. Es como un mini museo golfístico.

  Uno de los jugadores iba vestido de operario. Le pregunté ¿Qué, muy enganchado? Viciadísimo, me dijo, vengo casi todos los días a dar bolas y juego torneos los fines de semana. Con el golf es un no parar.

  Y después de un golpazo con el driver me comentó muy serio: la verdad es que hay que agradecérselo a los británicos, porque este deporte me ha dado la vida, a mí y a los socios de Corta Atalaya.